07/24/2008
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Universidad de California

Científico de aguas subterráneas de UC estudia los mantos acuíferos en las lecherías del Valle

Oprima para ver un video de tres minutos en el que el
hidrólogo de agua subterránea de UC Davis, Thomas
Harter explica en términos generales (en inglés) el ciclo
nutritivo de una lechería.

Se podría decir que administradores de las 1,600 lecherías del Valle de San Joaquín le dan la bienvenida a los días más largos y cálidos de la primavera con algo más que el entusiasmo usual que demuestran los agricultores cuando llega la temporada de cosecha.

La primavera marca el fin del clima frío y brumoso del valle, cuando los administradores de las lecherías monitorean muy de cerca las lagunas que se sitúan en sus granjas para asegurarse que de que influjo de agua rica en nutrientes que es arrojada desde los establos y las líneas de ordeñado no cause un desbordamiento. Si la lluvia y las aguas residuales empujan el agua hacia la superficie muy cerca del borde, a los administradores de las lecherías no les queda otra opción que bombear el agua residual hasta los campos cubiertos con trigo, avena y centeno de lento crecimiento, que requieren de poco alimento hasta febrero, cuando la primavera temprana de la región estimula el crecimiento en forma de las plantas.  

El cultivar plantas detiene los nutrientes que de otra manera se deslizarían a través de la tierra más allá de las zona de las raíces, donde pueden contaminar un acuífero subterráneo (capa de agua subterránea) que es vital para la agricultura y la gente del valle.

La estación de invierno, combinada con la limitada capacidad de almacenamiento de agua residual que tienen las lecherías, es una de las razones por las que los operadores no pueden cesar el ciclo de nutrientes de la lechería. En teoría, el sistema es casi impecable: el estiércol de ganado fertiliza los campos de cultivo que sirven para alimentar al mismo ganado. Sin embargo, el seguimiento que realiza la Universidad de California ha confirmado que los mantos acuíferos que se encuentran debajo de las lecherías están regularmente contaminados con nitrato lo cual hace al agua no apta para el consumo humano.

Durante los pasados 10 años, Thomas Harter, hidrólogo de Extensión Cooperativa de la UC en Davis, ha trabajado junto con otros colegas y administradores de lecherías para crear una red para el monitoreo de los pozos ubicados en las lecherías de los condados de Stanislaus y Merced, donde el suelo es arenoso y el agua subterránea se encuentra en algunos lugares a tan sólo 10 pies de la superficie.  

“Encontramos niveles altos de nitrato a 10 ó 20 pies del agua subterránea”, dijo Harter.

No se anticipa una contaminación grave en el sur del Valle de San Joaquín

Muchos pensaron que el problema no sería tan grave en el sur del Valle de San Joaquín, donde el agua subterránea se encuentra a mayor profundidad y el suelo es menos permeable. En años recientes se instalaron pozos para el monitoreo en las lecherías de los condados de Kings y  Tulare a instancias de la Central Valley Regional Water Quality Control Board (Junta Regional para el Control de la Calidad del Agua del Valle Central).

“Al observar la información, lo que vemos es que, con la excepción de pocas lecherías, existen niveles elevados de nitrato en la mayoría de las lecherías monitoreadas en los condado de Tulare y Kings, pero no son tan altos como los que observamos en los condados de Stanislaus y Merced”, indicó Harter.

Aún cuando los pozos presentan niveles de contaminación, la información no permitió determinar si esta proviene de las lecherías, los huertos o los sistemas residenciales de fosas sépticas. Los científicos no saben aún cuándo ocurre la contaminación y, si se puede responsabilizar por completo o en parte a las lecherías, y cuáles partes de su operación causan la contaminación del agua.

Para responder a estas preguntas, Harter se encuentra coordinando un estudio sobre las lecherías en los condados de Kings y Tulare, financiado con un subsidio de $1.56 millones de dólares proveniente del State Water Resources Control Board (Junta para el Control de los Recursos Acuíferos del Estado) y el programa CALFED Bay-Delta. El verano y otoño pasados, se perforaron pozos de 140 pies de profundidad, el equivalente a 14 pisos, cerca de las lagunas de desecho de las lecherías y los campos en donde se usa el estiércol para fertilizar. También se ubicaron pozos adyacentes a los corrales donde las vacas pasan la mayor parte del tiempo.  

Muestras de suelo revelan la historia geológica del valle

La perforación se hizo con equipo especial que extrae muestras del suelo. Las muestras fueron colocadas en canales de cartón consecutivos, revelando una parte de la historia geológica reciente del área.

“Encontramos capas de arena fina, gris y rojiza, barro compacto, capas de arena gris de grano grueso, muy pocas áreas de piedras y bastante suelo margoso”, dijo Harter. “Cada una de ellas representa una era desde que el suelo del valle se estableció, capa sobre capa, por suelos cubiertos de lodo y muchas veces cambiando el curso de los arroyos, donde se depositó material que fue erosionándose de las montañas cercanas”.

Las muestras de suelo ayudarán a los científicos a entender la interacción entre las tres formas del nitrógeno con los diferentes tipos de suelo. El agua de estiércol de ganado contiene dos formas: nitrógeno orgánico y amoniaco. Cuando se le expone a una acción microbiana en el suelo, el nitrógeno orgánico se convierte en amoniaco. Con el tiempo, el nitrógeno de amoniaco se convierte en nitrato con la ayuda del oxígeno que se encuentra en la capa superior de la tierra. El nitrato es la forma que se mueve fácilmente con el agua a través de la tierra. Los revestimientos de los nuevos pozos de monitoreo están perforados en diferentes niveles para que así las muestras de la primera agua subterránea que encuentren sea analizada sin importar la estación del año.

“El nivel del agua subterránea puede variar en cualquiera de las locaciones entre 20 y 30 pies entre una y otra estación o a lo largo de un par de años dependiendo del monto total de lluvia”, explicó Harter. “Una vez que el agua de las reservas subterráneas llega al nivel freático, además de bajar su nivel, flotará de manera lateral a lo largo de la pendiente del nivel freático, así que es importante  para nosotros saber exactamente en dónde se localiza el agua contaminada”.

Tecnología ‘toma de huellas dactilares' para precisar los puntos de contaminación

El científico planea también estudiar las muestras de agua que se extraigan de los pozos con tecnología llamada en inglés “fingerprinting” para determinar lo qué generó cierta contaminación.

“Creemos que existen muchas fuentes no lecheras del nitrato que se encuentra en el agua subterránea”, dijo Harter. “Los campos de golf, las plantas tratadoras de agua, los tanques sépticos y las actividades agrícolas han sido implicadas en la contaminación del agua. Si encontramos contaminación, queremos saber de dónde proviene. Nos encontramos desarrollando una tecnología que pueda distinguir, por ejemplo, entre el nitrato proveniente de fertilizante sintético y el nitrato de desechos de tipo animal o humano”.

Harter dijo que confía que la información recabada en este proyecto permitirá a los científicos establecer lineamientos para el monitoreo y el control del impacto que tienen las lecherías en el agua subterránea.

“Es cuestión de llevar las prácticas administrativas de producción al nivel correcto”, señaló. “Hay aspectos sobre el medio ambiente que tienen que ver con el funcionamiento de una lechería. Creo que podemos usar la información de esta investigación para ayudarnos a determinar en qué forma deben modificarse estas prácticas administrativas para que las lecherías puedan continuar operando en una manera sostenible y económicamente viable”.

(Marzo de 2008)

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