07/24/2008
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Montar a caballo es una terapia que el 4-H brinda a niños discapacitados

Risas, sonrisas y terapia física van mano a mano para los niños minusválidos que participan en el programa 4-H de montar a caballo en el condado de Mendocino.

Los niños son parte del Proyecto TRAIL, (Enseñado a montar a caballo para lograr la independencia y al aprendizaje) desarrollado hace 10 años por tres miembros del 4-H. El programa, en el cual niños discapacitados y en hogares de crianza participan semanalmente para montar a caballo, se lleva a cabo en el rancho Ridgewood; esta es una comunidad espiritual de 35 personas que viven en el rancho, y fue en este lugar donde los dueños anteriores criaron al famoso caballo de carreras Sea Biscuit.

Ellen Bartholomew, líder voluntaria del 4-H coordina el programa.

"Somos una familia 4-H", precisa Bartholomew. "Yo fui miembro del 4-H en Colorado cuando era niña. Mis hijos han participado en exhibiciones y presentado a vacas lecheras, cerdos y caballos. Es parte de nuestro estilo de vida".

De cualquier manera, los miembros del 4-H en el grupo de Bartholomew querían hacer más. Se enteraron del uso de caballos para montar para propósitos terapéuticos y empezaron la búsqueda de subvenciones y donativos para financiar el programa.

Algunos de los jinetes discapacitados que participan en el programa tienen síndrome de Down, parálisis cerebral, autismo u otros impedimentos físicos. Los niños que viven en hogares de crianza se benefician de la sensación de orgullo y autoestima resultante del aprender a cabalgar.

Uno de estos niños es Riley, un chico con parálisis cerebral que ha llegado a ocupar un lugar especial en el corazón de Bartholomew. Su familia estaba considerando someterlo a una cirugía para alargar los ligamentos, tratamiento común para niños con parálisis cerebral porque sus ligamentos raramente reciben uso y no crecen a la par de los huesos.

"Las cabalgatas terapéuticas han sido una ayuda tremenda para él", dice Bartholomew. "El movimiento del caballo, el calor de montar sin silla. Ahora cariñosamente lo llamamos "loosy goosy"".

Bartholomew reporta que Riley anteriormente casi no hablaba, pero ahora tiene un vocabulario que incluye "camina", "ajúa" y "Woody", el nombre del pony.

Mari, quien sufrió daño cerebral cuando un tumor benigno detuvo el latir de su corazón a la edad de 3 años, quedó paralizada de brazos y piernas. Mattie Piñon, miembro del 4-H y de habilidades ecuestres excepcionales, detiene a Mari sobre el caballo.

"Mari se sube al caballo y ríe jocosamente", dice Bartholomew. "Le encanta el caballo y le encanta montarlo. Es un encanto de niña. Y Mattie es fuerte y paciente. Nada la saca de quicio."

Ashley, una niña con síndrome de Down, empezó a montar a caballo a la edad de 12 años. En ese entonces, necesitaba que alguien guiara al caballo y que otras dos personas caminaran a ambos lados para mantenerla segura.

"Ahora, a los 17 años, es completamente independiente", observa Bartholomew. "Le pone la silla al caballo, monta en la pista y va en los paseos por los montes. Lo que pudiera haber tomado un par de lecciones a otro niño le tomó un par de años a Ashley, ¡pero lo logró!"

El programa es de igual beneficio a los miembros del 4-H que ayudan a los niños discapacitados. Los menores empiezan por abrir las rejas y recoger el estiércol. A la larga acaban siendo caminantes, guiando al caballo con un ronzal mientras que el niño que va montado lleva las riendas; o caminantes laterales, caminando a cada lado del caballo para aumentar la seguridad del niño discapacitado que lo monta. Algunos miembros del 4-H ayudan como jinetes de apoyo y van sentados justo detrás del niño discapacitado, con sus brazos alrededor de la cintura del niño.

"Algunos de los niños en hogares de crianza que empezaron siendo clientes han aprendido a ser caminantes laterales y ayudantes", explica Bartholomew. "Les hace sentirse muy contentos consigo mismos. En vez de pensar en sí mismos por un rato pueden experimentar lo que se siente ayudar a alguien más. El cambio en ellos es visible", precisa.

La vida del hijo de Bartholomew, uno de los fundadores del programa, fue influenciada profundamente por su participación en el programa TRAIL. Se conmovió mucho, dice ella, cuando iba de caminante lateral para Larry, un cliente con síndrome de Down. "Larry le preguntó: '¿Por qué me crearía Dios con síndrome de Down? Trato bien a todo mundo.' Dan nunca se pudo sobreponer", dice Bartholomew. Actualmente, Daniel tiene 22 años y es fisioterapeuta en San Diego.

Otro de los miembros fundadores, Amy Sweringen, tiene 25 años. Se graduó recientemente de la universidad y ahora trabaja con la organización Good Will buscando empleo para personas desventajadas. El tercer fundador, Erin Livingston, de 21 años, es técnico veterinario.

Linda Edgington, especialista en desarrollo juvenil con el 4-H en el condado de Mendocino, considera el proyecto TRAIL un verdadero triunfo.

"Ha tenido un impacto profundo en la vida de los niños discapacitados al darles libertad y confianza junto con actividad física sin dolor", precisa Edgington. "Y TRAIL ha fomentado el sentido de responsabilidad y compasión en quienes ayudan a los jinetes. Estas son metas del 4-H y, con este programa, estamos logrando nuestras metas".

(septiembre de 2003)

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